CUENTO TAOÍSTA
Un hombre trataba de administrar cada día aceite de higado de bacalao a su pastor alemán porque le habían dicho que era bueno para los perros.
Así que cada día sujetaba con fuerza entre sus rodillas la cabeza de su perro y, entre forcejeos, le obligaba a abrir la boca y a tragar una buena cucharada de aceite.
Un día el perro consiguió soltarse y el líquido fue a para al suelo. Entonces, ante el asombro del dueño, el perro se acercó tranquilamente al aceite derramado, lo lamió y a continuación dió un par de golosos lengüetazos a la cuchara.
En aquel momento, el hombre comprendió que lo que el perro rechazaba no era el aceite, sino el modo de administrarselo.
¿Qué te sugiere este cuento?
