jueves, 15 de agosto de 2013
ASUNCIÓN DE MARÍA
En muchos pueblos se celebra esta fiesta y devoción a la Madre de Dios y madre nuestra.
miércoles, 14 de agosto de 2013
DANZAS LATINOAMERICANAS
La danza latina no solo tiene influencias de España, también Inglaterra tuvo que ver en esto, sobre todo a partir del siglo XVIII. Exactamente, en el año 1700 un tipo de danza inglesa se vuelve popular en toda Europa. En Francia la llamaron “Contredanse”, en España, la “Contradanza” y en Portugal “Contradanca”.
Después de la gran expansión, los europeos en plena colonización llevaron consigo este tipo de danza a Centro América y Sur América, mezclándola con los bailes y danzas propias de este continente.
La cultura española tiene la mayor influencia sobre la evolución histórica de la danza latinoamericana que tiene distintos matices y ritmos dependiendo del país.
Los referentes que tiene Latinoamérica, de España, son el estilo colorido de la danza, las puestas en escena llena de dramaturgia; y la influencia de los pasos planos que provienen de danzas españolas como el pasodoble y el flamenco. En cuanto a la música tradicional, España es pionero del uso de la guitarra criolla y los estilos de música de trovador.
La cultura africana también intervino en las raíces del continente bajo de norte América, ya que desde el año 1500, cuando los colonos llevaron una gran cantidad de esclavos desde África hacia América; se compartió a través de la danza, las tradiciones ceremoniales y ancestrales de los esclavos. La tambora y los movimientos enérgicos de la danza latinoamericana provienen de esta fusión.
martes, 13 de agosto de 2013
María Magdalena, pionera de la igualdad
CUADRO DE DALÍ: VIDA DE MARÍA MAGDALENADedico este texto a cuantas personas y organizaciones luchan por la emancipación de las mujeres, con mi solidaridad fraterno-sororal. Juan José Tamayo. Teólogo y escritor.
¿Pecadora (arrepentida), prostituta (penitente), endemoniada (curada por Jesús), mujer sensual, arquetipo de las sexualidad femenina (¡puro sexo!), sirvienta, amiga, amante, esposa de Jesús de Nazaret? Éstas y otras imágenes similares de María Magdalena están tan grabadas, casi a fuego, en el imaginario religioso de la gente, sea cristiana o no, que no son fáciles de desmentir.
Responsabilidad no pequeña tienen, al menos en las imágenes más negativas, algunos evangelistas, especialmente Lucas, que dice que de la Magdalena “habían salido siete demonios” y, de otras mujeres seguidoras de Jesús que “habían sido curadas del espíritus malignos y de enfermedades” (Lc 8,2). No están exentos de responsabilidad los intérpretes varones del Nuevo Testamento, que relacionan a María Magdalena con la pecadora perdonada que besa los pies de Jesús, los unge con perfume y los seca con sus cabellos. Las representaciones que acentúan su desbordante sensualidad proceden sobre todo del mundo pictórico. Las imágenes más morbosas que tienen que ver con la relación afectiva de Jesús con María Magdalena han sido reforzadas y amplificadas recientemente por obras literarias y cinematográficas de ficción, algunas de dudosa calidad artística como El Código da Vinci.
¿Responden estas imágenes a la realidad o son mera ficción literaria? ¿Pertenecen a la historia o a la leyenda? ¿La María Magdalena así descrita es un personaje real o puramente imaginario? Sobre su existencia no parece haber dudas. Las pruebas son tozudas al respecto como demuestran investigaciones recientes de gran solidez científica en el terreno histórico-critico. Sirvan dos como botón de muestra. Una es "La resurrección de María Magdalena", de Jane Schaberg (Verbo Divino, Estella, 2008), rigurosa investigación interdisciplinar de las fuentes cristianas canónicas de la Biblia hebrea y del Testamento cristiano, así como de los escritos gnósticos y de la arqueología, del arte y de las leyendas, que recupera la figura de María Magdalena liberada de las imágenes negativas que sobre ella han construido la ideología patriarcales desde los propios textos canónicos hasta la exégesis actual. Otra es "La historia oculta. María, madre de Jesús, y María Magdalena" de Lluís Busquets Grabulosa (Destino, Barcelona, 2009), que, analizando los mismos textos de la obra anterior, deja sin argumentos la contraposición que algunas comunidades cristianas establecieron interesadamente entre María de Nazaret, considerada madre virginal de Jesús y de los creyentes cristianos, y María Magdalena, comparada con la Eva pecadora.
A pesar de su fuerte sesgo patriarcal y androcéntrico, los llamados evangelios canónicos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) ofrecen una imagen de María Magdalena diferente de los estereotipos vigentes. La ciudadana de Magdala pertenecía al grupo de seguidores y seguidoras de Jesús de Nazaret de la primera hora, es decir, acompañaba a Jesús desde el comienzo del movimiento en Galilea. Quizás formara parte del colectivo de mujeres galileas que disponían de autonomía económica y se reunían para celebrar comidas comunitarias, realizar prácticas de curaciones y celebrar encuentros de reflexión teológica. Este movimiento se inscribía en las luchas emancipatorias contra la opresión política y patriarcal, y posibilitó, sin duda, el carácter igualitario del grupo de seguidores y seguidora de Jesús de Nazaret.
María Magdalena acompañó a Jesús en los momentos más difíciles de su vida pública, cuando, sólo ante el peligro, sus más cercanos seguidores lo abandonaron y algunos le negaron descaradamente. El momento más dramático fue el de su muerte, dolorosa y humillante en extremo, como era la crucifixión, el suplicio más cruel e ignominioso, según Cicerón, reservado a los delitos de carácter político o militar. En el caso de Jesús, judío y súbdito –no ciudadano- romano, convergían los dos rostros de la ignominia: era maldito de Dios, como decían las Escrituras judías (“Maldito el que pende de un madero”), y sedicioso político. No resultaba fácil mantenerse seguidor hasta el final de un condenado a muerte por subversivo y blasfemo, y menos aún continuar su causa, como hizo María Magdalena. Todo lo contrario: era muy peligroso ya que el poder ponía tomar represalias contra quienes acompañaban al condenado por considerarlos cómplices.
Otra prueba, quizás la más importante, del reconocimiento del liderazgo de María Magdalena en los evangelios canónicos es su presentación como primera testigo de la resurrección. Testimonio que le concedía una autoridad especial y la situaba en un lugar preferente en el movimiento de Jesús. Es ella la primera que experimenta la resurrección del Maestro en un encuentro de hondo contenido místico y la que se lo comunica a los demás discípulos, que no creen en sus palabras porque, al ser mujer, no la consideran ni fiable, ni creíble, ni relevante. Es precisamente de la experiencia de la resurrección del Crucificado, vivida y testificada por María Magdalena y las mujeres que la acompañaban, de donde nace la Iglesia cristiana, que da continuidad al movimiento puesto en marcha por Jesús de Nazaret en Galilea. Por tanto, sin las mujeres quizás el movimiento de Jesús no hubiera continuado, ni hubiera existido la Iglesia cristiana.
Sin embargo, pronto tomaron las riendas de aquel grupo marginal, contrahegemónico, carismático e itinerante los varones y lo convirtieron en una organización jerárquico-piramidal-patriarcal o, si se prefiere, en una patriarquía, que muy poco tenía que ver con el primer movimiento igualitario de Jesús. ¿Qué había pasado? Quizás lo que aforísticamente afirmaba el teólogo modernista francés Alfred Loisy: “Jesús anunció el reino y lo que vino fue la Iglesia”.
Los evangelios apócrifos, especialmente el Evangelio de Felipe, el Evangelio de Tomás, el Evangelio de María, Pistis Sofía, Diálogos del Salvador y el Evangelio de Santiago ofrecen otros elementos igualmente importantes para reconstruir la figura de María Magdalena. Destaquemos algunos, siguiendo el análisis de Jane Schaberg, si bien de manera tentativa y provisional:
- Ella existe como personaje y memoria en un mundo cuyos textos acusan un lenguaje androcéntrico y patriarcal
- Se expresa con atrevimiento y osadía en un mundo real y simbólico dominado por varones. Esto le da un relieve especial.
- Es una persona preeminente entre los seguidores y seguidoras de Jesús, posee autoridad espiritual y ejerce un liderazgo en igualdad de condiciones con los discípulos.
- Recibe visiones privilegiadas y mensajes de Jesús que no tienen los discípulos. Es presentada como compañera íntima de Jesús.
- Está en conflicto con algunos discípulos varones por la fiabilidad de su testimonio. Éstos llegan a protestar por la cercanía de María de Magdala con Jesús.
- Aparece como consoladora y maestra de los demás discípulos. Es elogiada por su inteligencia superior.
En los textos analizados, tanto los canónicos como los apócrifos, María Magdalena aparece como continuadora de la tradición profética de Israel, iniciadora de la creencia cristiana en la resurrección, sucesora de Jesús de Nazaret y heredera de su autoridad espiritual. La teología feminista recurre a ella como fuente de autoridad y un punto de referencia para la puesta en marcha de un cristianismo alternativo, sin las discriminaciones de género que perviven en la mayoría de las Iglesias cristianas hoy.
María Magdalena es, sin duda, una figura para el mito y la leyenda, pero también un icono en la lucha por la emancipación de las mujeres, a la que apelan los movimientos feministas como referente irrenunciable en la construcción de una sociedad sin violencia, sin discriminación y sin desigualdad por razones de género. María de Magdala responde ejemplarmente, creo, al perfil de Ethel Smyth, personaje de una de las novelas de Virginia Woolf, a la que describe de esta guisa: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.
¡Ojalá que cada vez seamos más los hombres y las mujeres de todos los credos e ideologías, etnias y culturas que, sin ser pioneros y pioneras, al menos sigamos el camino de la emancipación abierto por María de Magdala hace veinte siglos!
lunes, 12 de agosto de 2013
A CÁNTAROS
Tú y yo, muchacha,
estamos hechos de nubes
pero ¿quién nos ata?
Dame la mano y vamos a sentarnos
bajo cualquier estatua
que es tiempo de vivir
y de soñar y de creer
que tiene que llover a cántaros.
Estamos amasados con libertad, muchacha,
pero ¿quién nos ata?
Tu en tu barro dispuesto,
elegido tu sitio, preparada tu marcha.
Hay que doler de la vida hasta creer
que tiene que llover a cántaros.
Ellos seguirán dormidos
en sus cuentas corrientes de seguridad.
Planearán vender la vida
y la muerte y la paz.
¿Le pongo diez metros,
en cómodos plazos, de felicidad?
Pero tú y yo sabemos
que hay señales que anuncian
que la siesta se acaba
y que una lluvia fuerte,
sin bioencimas, claro,
limpiará nuestra casa.
Hay que doler de la vida, hasta creer,
que tiene que llover a cántaros.
¡DESPIERTA!
domingo, 11 de agosto de 2013
Evangelio de Lucas 12, 35-40
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ― Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.
DE LA AMENAZA A LA BUENA NOTICIA DE QUIENES SOMOS.
UNA LECTURA NO-DUAL DEL MENSAJE DE JESÚS
Recuerdo que, cuando era niño, el modo como me explicaban este tipo de textos me resultaba altamente amenazador. Algo similar a cuando, en casa, mi madre nos decía: “Si no te portas bien, se lo diré al padre cuando vuelva”.
Mi imaginación infantil montó toda una escenografía en torno a un “final del mundo” que vendría por sorpresa y que no pintaba demasiado bien, ya que una indefinida y negra amenaza parecía sobrevolar todo el escenario.
Desconozco si esta imaginería era generalizada entre los niños de mi generación. Pero, en mi caso, y a pesar de la confianza que todo lo religioso despertaba en mi interior, coloreó de temor la imagen de Dios, y no favoreció precisamente que percibiera a Jesús como un amigo cercano.
De ese modo, lo que me llegaba, tanto de casa como de la escuela, parecía encontrar confirmación también en la religión, en el orden sagrado de lo divino: en todos esos ámbitos, el mensaje venía marcado por palabras como “cumplimiento”, “obediencia”, “mérito”, “premio”, “castigo”, “temor”… Un mensaje, por tanto, generalizado y, en ese sentido, inapelable, que fortalecía al superego en su afán de exigencia y perfeccionismo…, con la amenazadora culpabilidad al fondo.
Ahora comprendo que, con todos los matices posibles, es lo que ocurre cuando la religión se hace autoritaria: la alegría es sustituida por el temor, la libertad por la sumisión, la espontaneidad por la amenaza, la “buena noticia” por la “espada de Damocles”…
Me costó mucho tiempo liberarme de toda aquella presentación infantil, que había hecho cuerpo en mi interior. Y hubo varios factores que me ayudaron en todo ese proceso: desde el estudio al encuentro con personas libres; desde el trabajo psicológico al diálogo y la amistad con personas no religiosas… Y, en todo ello, una sensación profunda y estable de confianza, que constituía –antes incluso de yo saberlo- la columna vertebral de la espiritualidad, tal como me era regalado vivirla.
Hoy, puedo ver el engaño de aquella lectura, y también comprender a las personas que la hacían. Ponían toda su buena voluntad, transmitían lo que consideraban más adecuado, utilizaban su propio “idioma” y eran hijos de un contexto sociocultural y religioso que les condicionaba profundamente.
Pero no dejo de ver que lo que recibí de ellos no era tanto “evangelio”, la buena noticia de Jesús, como una religión domesticada, al servicio de aquellos mismos “valores” que entonces predominaban.
La realidad, sin embargo, es bien distinta de lo que se enseñaba. Las palabras de Jesús no contienen nada de amenaza ni de perfeccionismo; no alimentan el superego ni sostienen ninguna idea de mérito. Son palabras de sabiduría que invitan, al contrario, adespertar a la Realidad que somos.
Despertar es una de las palabras básicas de todas las tradiciones de sabiduría. Todas ellas nos alertan de que estamos sumidos en el sueño de la ignorancia, creyendo ser lo que no somos y desconectados de lo que realmente somos; y esta es –siguen diciendo- la fuente de todo sufrimiento.
En el evangelio, es también frecuente la llamada a despertar. Y ahora incluso podemos entender esas palabras con una profundidad mayor: “el Señor” que viene no es alguien separado que trae su contabilidad para “pagar a cada uno según sus obras”. Se trata de nuestra identidad más profunda que late generalmente escondida, debido a nuestra ceguera.
En realidad, si se entiende bien, la “venida” no es algo que ocurra en un futuro más o menos lejano, sino que tiene lugar ya aquí y ahora…, en cuanto le abrimos la puerta. Nuestra verdadera identidad –“el Señor”- acecha la posibilidad de salir a la luz y de mostrarse en toda su belleza.
Soy consciente de que las primeras comunidades estaban imbuidas de una profunda esperanza apocalíptica y ansiaban la venida gloriosa del Señor Jesús resucitado, en una Parusía que creían absolutamente próxima.
Sin embargo, trascendido aquel nivel mítico y el modelo dualista, desde la perspectiva no-dual, “el Señor” es la misma Identidad que todos compartimos, y que brilló de un modo especial en el sabio de Nazaret.
Basta acallar la mente para poder experimentar esa identidad que “duerme” bajo el bullicio mental y emocional que, paradójicamente, también la expresan. Al saborearla, salimos del sueño. Al permanecer anclados en ella, nuestra percepción de la realidad se modifica. Estamos “atentos”, en la atención plena de quien no desconecta de quien es, en la Presencia consciente y amorosa que nos constituye, como constituía a Jesús.
Eso es la liberación de todo miedo –los miedos nacen cuando nos identificamos con cualquier realidad impermanente porque, al desaparecer ella, tememos desaparecer también nosotros– y la fuente de todo Gozo: “Dichosos ellos”.
Enrique Martínez Lozano
sábado, 10 de agosto de 2013
viernes, 9 de agosto de 2013
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